Semana de conciertos: Eddie Palmieri-Live at University of Puerto Rico

Corría el año 1995 y en Caracas la salsa seguía teniendo fanáticos. Suficientes fanáticos como para que en la radio tuvieramos cerca de 5 emisoras que se dedicaban de forma exclusiva al género, las 24 horas. Suficientes fanáticos como para que empresarios del espectáculo trajeran al país a las leyendas de la salsa. En emisoras y televisoras, teníamos programas especializados en el tema. No teníamos aún el boom del internet, del Youtube, de las descargas. Pero teníamos a Héctor Castillo y su Caribe Son, a Lil Rodríguez con su Club Caribe, a Peter Solano en las tardes de Sonera 1450, al Tigre Rafael en CNB, a Fernando Sosa Leal en VTV...
En esa época, este servidor contaba con escasos 15 años y sabía poco de las leyendas. Escuchaba y le gustaba lo que oía, pero sabía poco. Por eso se detenía en estos programas, donde los sabios cultores del género me ilustraban con sus conocimientos.
Así, un día, al filo de la medianoche, Lil Rodríguez me sacudió el sueño cuando hizo sonar Vámonos pal monte de Eddie Palmieri, en vivo en la cárcel de Sing Sing. A partir de ese momento, no pude dormir hasta saber más de eso que había escuchado.
Y así, por aquí y por allá fui escuchando más. A Plácido Garrido en Capital 710 le gustaba poner de vez en cuando un tema, Cinturita, un boogaloo bien sabroso, cantado por uno de mis soneros básicos, Ismael Quintana, la voz consuetudinaria de la orquesta de Eddie. Otro día, Peter Solano hizo un programa especial, un sábado, sobre el maestro Palmieri. Ahí me alimenté más. Y así poco a poco, pasó lo impensable: vino Palmieri a Venezuela, a tocar en el Poliedro de Caracas.
Ya para ese momento yo era un super fanático absoluto. Ya sabía que la orquesta de Palmieri era La Perfecta. Que tuvo sus inicios en el ritmo de charanga. Que su hermano mayor era Charlie, con quien alternó en varias oportunidades. Sabía ya para este entonces también, que le decían "el sapo", por el particular ruido que hacía cuando tocaba o los brincos que pegaba, para entonces no sabía bien. Conseguí un "cassette" por ahi con un buhonero/Dj, donde venía nada más y nada menos que el tema Azúcar, cuyo solo de piano es para mí uno de los mejores de la salsa y me lo se de memoria, hasta el punto de que si tocara piano podría repetirlo tranquilamente y sin pestañear.
Entonces, ya sabiendo todo eso, viene Palmieri a Venezuela. Y yo, un muchacho guaireño, excéntrico de pocos amigos, que escuchaba salsa cuando mis contemporáneos oían Inner Circle o Zapato 3 y que jamás se había escapado de su casa ni asistido a un concierto, me quedé ese 16 de abril de 1995 en mi casa. Frustrado por no tener con quien ir y ni siquiera con quien lamentarme de aquello. El único consuelo fue que Ledda Santodomingo tenía un programa en Venevisión por la época, semanal, en el que se lanzó un día a reseñar varios conciertos salseros con entrevistas incluidas. Uno de esos conciertos, en ese especial de la salsa, fue precisamente el de Palmieri en el Poliedro. Y entrevistaban al maestro, y recuerdo en especial sus palabras reprobatorias para "eso que llaman salsa errrotica".
Cuando me hice más grandecito, empecé a ir a conciertos sin tanto rollo. Primero en Vargas, en el Club Aeropostal, vi más de una vez a Oscar de León. Y a varios otros. Hasta que di el salto al Poliedro, primero con Rubén y después con tantos otros, en aquellos tiempos de "Puerto Rico le canta a Venezuela". Vi a mucha gente. Pero no venía Palmieri.
Pasaron 10 años desde su último concierto para que pudiera tener la oportunidad de desquitarme. Esperé 10 años para verlo. Y me llegó la oportunidad el 21 de octubre de 2005, en el estacionamiento del coso de la Rinconada.
Este concierto que pongo acá a la disposición de quienes quieran escucharlo, corresponde a la grabación realizada por Eddie y su hermano Charlie en el Auditorio de la Universidad de Puerto Rico, en el año 1971. El álbum solo vería la luz en 1975, pero aún hoy conserva su sabor. Como me pasa con todos los artistas a quienes he visto en concierto, cuando quiero acompañar mis recuerdos de la música que me los inspira, recurro a estos discos. Palmieri no es la excepción.
Del concierto al que fui, guardo el sincero recuerdo de la emoción que sentí cuando vi que Palmieri está vivo, que es de verdad, que su música suena mejor con él presente y que su esencia va con él a todas partes. Guardo igualmente la imagen y el sonido del "pequeño" Jhonny en las congas, de Eddie Jr asistiendo en la dirección de la orquesta, del jovencísimo bongosero moreno que se la comía cada vez que intervenía y, por supuesto, la voz de Herman Olivera acompañando los acordes de Palmieri. Nunca olvidaré que ese día ratifiqué que Palmieri es un virtuoso cuando recibí, junto a los miles que ahí estaban, un solo de piano por cada canción ejecutada. Más que un regalo, un tributo a todo aquel que asistió a ese concierto.
Difícil escoger favoritas, sin embargo, de este álbum las que más me suenan entre las sienes son Amor ciego, Bilongo y Muñeca.