Celia Cruz. Favoritas con la Sonora Matancera


¿Para qué detenerse a hablar de Celia Cruz si todos la conocemos? Es mejor escucharla sin preámbulos.
Alguien podría decir que soy insolente al empezar así este post. Pero yo no tengo problemas en hablar libremente de una mujer que ha acompañado mis oídos a lo largo de su vida, y que hasta el día en que me muera seguirá ahí. Porque, tal y como ella dijera en su momento, nunca podrá morir. Así se lo dijo a César Miguel Rondón, uno de los dioses del Olimpo salsero, en una entrevista televisiva que el relata en una reedición de "El Libro de la Salsa":
"Yo nunca voy a morir...Estoy segura de que en cada casa hay, por lo menos, un disco mío...Y si hay un disco mío, yo siempre estaré ahí."
Yo tengo muchos discos de Celia. Por tanto, ella siempre está aquí, conmigo.
Yo a Celia la escucho de muchas formas: como la voz más importante de la Sonora Matancera, como una de las boleristas más notables de su época (aunque nunca se le vea como tal), como la innovadora del período previo a la explosión de la salsa de los 70 con Tito Puente y su orquesta y, finalmente, como la cantante más notable del salto a la salsa, una de las únicas que pudo pasar de los 40 a los 70 brillando siempre, sin que la gente la olvidara. Desde ahí en adelante, la historia ya estaba hecha.
En esta oportunidad, quiero dejar constancia de las que considero como mis canciones favoritas de Celia con la Sonora Matancera. O sea, su primera etapa.
De más está advertir, que cuando uno habla de sus favoritas, se refiere a las que más le gustan. A otra persona puedieran no gustarle las mismas que a uno. O quizás simplemente otras les gustan más. Pero en lo que se refiera a mí, aquí están las que me gustan.
La mejor forma de escuchar a nuestros artistas favoritos es en sus presentaciones en vivo. En esta selección hay dos temas en los cuales Celia se desborda: El de la rumba soy yo, en el que alterna con una de las voces emblemáticas de la Sonora, Bienvenido Granda ("El bigote que canta"). Ahí no solo tenemos a Celia en su estado original, sino que sentimos de Bienvenido su entrega y, de la Sonora todo su poder: el solo de bongó de "Manteca" bien vale un ron añejo, seco, servido en una copa gruesa de cristal.
Serpentinas en color es el otro tema en vivo que se presenta acá. En él, escuchamos de nuevo todo el poder de Celia, toda su presencia. Aunque no la estemos viendo, sentimos que nos mira a la cara mientras su voz nos sobrecoge.
Contestación del marinero, es uno de esos temas típicos, notables de las radioemisoras de los 50. Me recuerda a mis abuelos, sobre todo a mi querida abuela María, en paz descanse, que al escucharla recordaba a mi abuelo Lorenzo y hasta se burlaba de el, porque era marinero. Al escuchar esa canción, creo ver a mi abuela sonreída, tarareando.
Y es que es imposible no acordarse de alguien mientras se escucha a Celia. Uno siente que en cada canción de Celia, hay una historia personal, cercana, que retrata nuestra vida, o la vida de nuestra familia, o de nuestro entorno. Así me pasa con Muñecas del cha-cha cha, que tanto le gusta a mi papa y que es imposible sentirla como el eco de los viejos cabarets de la Cuba de los 50, esa Cuba que se fue y no volvió.
En Cao cao maní picao y Me voy a Pinar del Río, uno siente que Celia de verdad se divierte cantándolas. Sobre todo en la segunda de las nombradas, donde deja notar su interés personal en cantarle a la ciudad cubana, por el simple hecho de ser "de mi mamá la tierra natal", como lo dice en el soneo.
¿Qué decir de Burundanga? Uno sabe cuando una canción es insuperable, al ver que nadie se atreve a versionar un tema. Ese es el caso de esta canción, quizás una de las emblemáticas de La Negra.
Pa'lla paloma, un sabroso tema para bailar con los que la Sonora encendía sus bailes. Melao de caña y Mi soncito (O El son de los viejitos) quedaron grabados en el repertorio musical del Caribe, y cuando cualquiera quiere hacer un disco con reminiscencias cubanas, puede incluirlos sin desentonar: así lo hicieron Palmieri (con Mi soncito) y Oscar de León (con Melao de caña,) en versiones dignas y respetuosas.
Con Oyela, gózala es imposible no bailar. Al escuchar De Cuba a México, es imposible no pensar en la sinceridad de la letra, en lo importante que fue para Celia y para tantos cantantes cubanos encontrar un sitio al que llegar, donde les acogieran y les respetaran su figura. Y con Chango ta vení, queda claro que en la música del Caribe, siempre lo mágico religioso estará presente. Porque así es el Caribe: mágico y religioso. Y musical.



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2 comentarios:

Zacarías dijo...

Celia Cruz, la reina de la salsa, simplemente maravillosa.

Después de encontrar su sitio, pensé que quizás le interesaría mi lista de los mejores discos de salsa del año. ¡Me encantaría si leyera la lista y me dijera si está de acuerdo!

Aquí está el URL:
http://zachary-jones.com/spanish/archives/1021

C. Luisa Ugueto dijo...

Celia es Celia